Practica

Practica. Practica. Practica.

Y al decir Practica, pensamos en una práctica de asana para enmarcar. Pensamos en estar al 100% en la esterilla. Pensamos en doblarnos, retorcernos y volar.

Es una sensación estupenda. ¡Es divertido y excitante! Y es lo que a veces ocurre.

Otras veces, hay un bache en el camino, y la práctica debe ajustarse a una nueva realidad. Normalmente física. Nos vemos obligados a pisar el freno, a olvidarnos de nuestras pretensiones gimnásticas y a comenzar desde el principio.

Aunque engorroso, es en estos momentos cuando tenemos la oportunidad de ver la práctica desde otro ángulo, de comprenderla como una herramienta para la vida, no solo una disciplina para una élite física.

Cuando nos enfrentamos a dificultades, hay algunas formas de pensar que suelen imponerse. Tendemos a no querer actuar, a evitar practicar hasta “que las cosas mejoren” o “tenga más tiempo” o ”me recupere del todo”. Pero practicar es como lavarse los dientes. Si no te los lavas todos los días, decaen. Lo mismo ocurre con cuerpo y mente,

Más que animarte a que ignores tus dificultades, tu dolor y que termines haciéndote daño, lo que intento expresar es lo siguiente:

Deja de lado las ideas sobre lo que la práctica es.

No pienses en términos de lo que puedes o no puedes hacer, o de lo que tu práctica debería ser.

Céntrate en la calidad de lo que haces, en la presencia que cultivas, en cómo poco a poco vas cambiando desde dentro, y cómo esos cambios se reflejan en tu día a día. ¡Y acepta el proceso!

Todo no puedo ser perfecto a todas horas. No es real. El mundo no funciona así. Si quieres crecer, el desarrollo tiene un coste.

Elige tus batallas. Sé valiente. Sé resuelto/ a. Sé amable. Sonríe. Y haz lo que debes hacer.

x Carmen