Consciencia del Momento Presente

Ese es el camino que el Yoga propone: un viaje espiritual y emocional a nuestro Núcleo, a través de la observación e interacción con lo que se está desarrollando Ahora.

Exploramos nuestra psiquis, según entiendo, nuestra mente, nuestras respuestas emocionales; y mediante la comprensión de nuestros desencadenantes, valores y creencias, tomamos decisiones, idealmente conscientes, sobre cómo relacionarnos con lo que está sucediendo.

La práctica del yoga implica descubrir, observar e integrar para crecer. Cuando cultivamos cierta presencia, así como una actitud curiosa, incluso atrevida, abrimos las puertas del cambio. Un cambio real.

Las asanas, repetidas regularmente y de manera estructurada, ofrecen muchas oportunidades para observar. En palabras de Santina,

las asanas son herramientas de observación y análisis.

La práctica nos enfrenta a nosotros mismos. Es su naturaleza. El fin del yoga no es relajarse, sino conocer para ser libre. Para ello, debemos enfrentarnos a nosotros mismos, tarde o temprano, debemos hacerlo si queremos evolucionar. La evolución no es una opción, sino un requisito para la supervivencia.

La práctica es incómoda. No físicamente necesariamente. Es la naturaleza disruptiva de las emociones que surgen lo que nos desafía.

Yo no soy una excepción. Lidio con algunas de mis facetas más inquietantes y desagradables diariamente en mi esterilla. Por ejemplo, en Kapotasana. A veces caigo en la indulgencia, y elijo agarrarme los pies desde el suelo en lugar de desde el aire. Así no tengo que soportar el pánico y la ansiedad que me causa estar suspendida en el vacío hacia atrás. Aunque el gesto de mi cara parezca tranquilo, siento que me asfixio.

Después de años, he comprendido que el pánico es una respuesta de supervivencia, así que hago mi trabajo, independientemente. El refinamiento y la definición de la forma es, para mí, principalmente una elección personal. Depende de lo dispuesta que esté a aguantar el chaparrón.

Karandavasana también es extremadamente compleja; se ha convertido en un recordatorio diario de lo sencillo que es que mi voluntad flaquee, cuando elijo dejarme caer en el suelo en lugar de sostenerme en los brazos e intentar subir. De nuevo, es un estado mental.

No solo la Serie Intermedia me supone dificultad. La Primera Serie viene a menudo acompañada de una sensación de aburrimiento y tedio. La idea de terminarla es desalentadora, y en ocasiones tengo que negociar conmigo misma para llegar hasta el final. Es principalmente la idea del trabajo que me queda por delante, más que el trabajo en sí, lo que me abruma. Una vez más, es un estado mental.

No es difícil darse cuenta de que lo anterior me crea cierta incomodidad. No soy única. Considero que lo que surge durante la práctica es lo que causa la mayoría de problemas y dificultades para muchos practicantes.

Las semillas se están cocinando

de nuevo, citando a Santina,

, y nos quedamos a la deriva, sin saber muy bien qué hacer.

Los obstáculos deben ser reconocidos. Este es el primer paso. No obstante, corremos el riesgo de quedarnos atrapados, perdidos en el laberinto de la mente, de las excusas que nos ponemos y de las justificaciones que tratamos de buscar. Adivina: el problema no está necesariamente en la práctica, sino en cómo te relacionas con lo que surge en tu experiencia del momento presente.

Creo que la disciplina funciona hasta cierto punto. Sin embargo, cuando en nombre de la disciplina, nos forzamos más allá del dolor, las lesiones, la duda o cualquier otro obstáculo al que nos enfrentamos, estamos creando más drama. Por otro lado, dejar de practicar es una tirita, una salida fácil, no una opción que a día de hoy me parezca viable.

En mi opinión, nuestro enfoque debe ser más pragmático, holístico y refinado.

Sería ambicioso por mi parte intentar ofrecer una solución mágica a un problema generalizado. Trabajo a diario para salir de mi laberinto interno, así como para crear una ambiente de trabajo que propicie que los estudiantes que vienen a la escuela puedan deshacer sus propios nudos mentales, si es lo que de verdad quieren hacer.

Sin embargo, hay algo que puedo compartir: en mis diez años de práctica regular, he llegado a observar que cuanto más resisto el sufrimiento y la incomodidad, menos éxito tengo. Cuando cultivo una estado de observación y de bienvenida, experimento un cambio casi inmediato. Todo se suaviza en mi interior, la mente se relaja, el cuerpo se expande. Entonces, la práctica sucede. Simplemente surge.

Cuando trabajo y llego a un acuerdo en mi interior, el yoga surge. Y antes de darme cuenta, se evapora de nuevo, para, con suerte y bajo las condiciones apropiadas, resurgir nuevamente.

Esa es la naturaleza de nuestro trabajo y, según creo, una de las habilidades para la vida que debemos aprender y dominar.

Feliz semana :)

Carmen